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jueves, 12 de septiembre de 2019

Chismografía histórica V



Sargento Stubby


El Sargento Stubby fue el perro más condecorado de la Primera Guerra Mundial. Durante la Gran Guerra se usaron distintos animales con diversos propósitos, como por ejemplo  caballos, palomos, abejas. Pero en este caso hay que destacar la labor realizada por el perro Stubby.


Stubby (en inglés significa "rechoncho") era un perro vagabundo que en 1917 merodeaba los territorios de la Universidad de Yale, lugar donde entrenaban los miembros del Regimiento de Infantería 102º de EE.UU. Los soldados se encariñaron con el perro, y el soldado Robert Conroy decidió adoptarlo poniéndole el nombre de Stubby, a la vez que se convirtió en la mascota de todo el Regimiento.


Cuando el Regimiento se tuvo que embarcar para ir al frente en territorio francés, Conroy subió a Stubby escondido al barco.  Ya en Francia se vio afectado por el impacto del gas  mostaza, quedando muy sensibilizado; pero lo que ayudó para alertar ataques inminentes con uso de gas. En forma paralela, también comenzó a aprender a localizar a soldados heridos. 

Pero el cargo de sargento se lo ganó cuando descubrió a un espía alemán, lo atacó y lo neutralizó hasta que llegaron los refuerzos.

Este perro valeroso participó en la Guerra sirviendo 18 meses en las trincheras, en cuatro ofensivas y en 17 batallas. En abril de 1918 fue herido en una pata por el impacto de una granada. Se recuperó en la retaguardia, pero volvió al frente con el resto de sus compañeros con dos bandas de herido en combate.

Volvió a ser herido en la pata y en el pecho. Cuando finalizó la Guerra volvió con su dueño a su nuevo hogar, convirtiéndose en un héroe nacional.  

Tuvo encuentro con distintos presidentes, recibió la medalla de oro de  la Humane Society  of United States.


El sargento Stubby murió en 1926, siendo donando al Smithsonian ese mismo año.

Información obtenida de QuHist 

jueves, 13 de junio de 2019

Chismografía Histórica IV


Urquiza y sus hijos


“…La historia del vencedor de Caseros tiene aspectos sumamente especiales. En efecto, Justo José de Urquiza ha sido uno de los protagonistas de nuestra vida nacional más vilipendiados por su vida privada (…). Entre otras cosas, se le han atribuido una cantidad inmensa de hijos, casi llegando al centenar. Sin embargo un serio estudio de Beatriz Bosch hace llegar ese número a veintitrés, de modo que, en cuanto a eso, no era un caso extraño ni único. De todos modos, es verdad que buena parte de ellos eran hijos naturales, tanto jóvenes del campo como de cierta posición (…).
En junio de 1851, conoció a Dolores Costa. El tenía cincuenta años y ella diecinueve. (…) Ella se instaló en el gran palacio San José, donde reinaba su enamorado. (…) En 1853 Dolores tuvo allí a su primera hija, que recibió su nombre y era conocida como Lola, diecisiete meses después llegó Justa y, en total sus vástagos fueron once…”

Extraído de: Canclini, Arnoldo, “Si, quiero”. Historias y anécdotas del matrimonio en la Argentina (siglos XVI a XIX),Emecé, Bs. As., 2005, pag: 188



Les dejo los retratos del matrimonio Urquiza.



En el siguiente link les dejo un artículo periodístico que relata la historia de Dolores Costa Brizuela. Link: "La mujer que hizo historia al lado de Justo José de Urquiza"

viernes, 24 de mayo de 2019

Chismografía Histórica

Rosas y Eugenia Castro

Eugenia Castro era apenas una adolescente, frágil y bella, que cuidó a Encarnación Ezcurra, la mujer de Juan Manuel de Rosas hasta que murió. Durante varios años Rosas mantuvo una relación amorosa junto a su “fiel servidora”. Ese amor duró desde 1839 hasta la batalla de Caseros en 1852.
Eugenia tenía 14 o 15 años, huérfana de padre y madre, cuando empezaron sus amores con Rosas. 
Morocha y bonita, con cierto aire de abandono y la timidez de quien no se siente dueño de nada y vive temeroso de incomodar. Por lo contrario Rosas, rubio y apuesto, de noble linaje, 45 años, viudo y con dos hijos mayores, Juan y Manuela, ejercía el cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires y manejaba las relaciones exteriores de toda la Confederación Argentina.

Eugenia dio a luz una hija, bautizada Mercedes, cuya paternidad se atribuyó a un sobrino de la difunta señora Encarnación. Pero a medida en que nacían otros hijos, Ángela (1840), Ermilio (1842), Nicanora (1844), y más tarde Joaquín y Justina, para los habitantes de esa casa no hubo misterio: Rosas había convertido en su amante a esa niña, apenas una adolescente.

Durante su ancianidad Nicanora (hija de ambos) recordará el día de la batalla de Caseros. El gobernador fue al campo de batalla acompañado por sus hijos Angela, "el soldadito", y Ermilio, "el coronel", vestidos de militares. Antes del desenlace, les ordenó que volvieran a juntarse con los otros niños en la casa de Ezcurra. Luego, en vísperas de partir al exilio en un buque de guerra inglés, Rosas le ofreció a Eugenia llevarla a Gran Bretaña junto a dos de sus hijos, sus preferidos, Ángela y Ermilio. Ella no aceptó. Tenía 32 años y se encontraba nuevamente embarazada.

Rosas vivió 25 años en el exilio. Eugenia murió en 1876 pobre. Un año después falleció Juan Manuel de Rosas.

Información obtenida de: Sáenz Quesada, María. Las mujeres de Rosas, Bs. As.: Planeta.
Hay un artículo del diario La Nación, en el link: "Eugenia Castro y Juan Manuel de Rosas: la compañera secreta".


viernes, 10 de mayo de 2019

Chismografía Histórica I

  El sillón de Rivadavia

En el medio del conflicto desatado por la guerra contra Brasil, el Congreso decide nombrar a Bernardino Rivadavia presidente de la Argentina, pero antes de que se redactara la constitución. El sillón que usó mientras fue presidente es un elemento simbólico asociado a la figura presidencial argentina.

Rivadavia (y su sillón) fue elegido presidente en 1826, pero debe renunciar al poco tiempo.
Renuncio y se llevo todo…Hasta su sillón!

Su sucesor, Vicente Fidel López declaró, una vez que Rivadavia renuncia y se retira de la casa de gobierno: “hasta la casa de gobierno había quedado desmantelada,  estaba reducida a paredes desnudas y deterioradas” pues resulta que todo el mueblaje, incluido el del despacho (sillón) presidencial fue traído de Europa, era de propiedad del señor Rivadavia quien antes de dejar el poder al nuevo gabinete decidió llevarse todo sabiendo que no iban a tener plata para pagarle por sus servicios brindados al país."

Bernardino se mudó  muy lejos de su Argentina natal, se instaló en  Cádiz (España) con dos de sus sobrinas. Pero ya viejo, y de seguro sentado en su sillón, hizo modificar su testamento al ver que estas amables sobrinas que lo cuidaban le robaban la poca plata que tenia. El 2 de septiembre de 1845 a los 65 años de edad falleció pidiendo que su cuerpo “no volviera jamás a Buenos Aires“. Sin embargo no se liberó de nosotros y sus restos fueron repatriados en 1857 y desde 1932 descansan en el mausoleo levantado en su honor en Plaza Miserere. Del sillón todavía  no se sabe nada.



 Propuesta de Actividad 

Para los que  deben cruzar Plaza Miserere para llegar a la Escuela les propongo que se saquen una foto en el mausoleo dedicado a Rivadavia.